V CENTENARIO ESCUELA DE SALAMANCA (1526-2026) Francisco de Vitoria (III)

 

Continuando con el contenido de los artículos anteriores y siguiendo con la celebración este 2026 de los quinientos años del origen de la llamada Escuela de Salamanca y su principal artífice, el fraile dominico Francisco de Vitoria, en esta ocasión hay que indicar que su tesis o base tiene sus raíces en el llamado Derecho natural (conjunto de principios éticos universales, inmutables e innatos en el ser humano) en el que el ser humano está inclinado naturalmente hacia el bien y que por el hecho de su racionalidad puede discernir el bien y el mal. Aunque partía que todo era obra de Dios, como teólogo que era, no negaba la capacidad de raciocinio en el ser humano y que se complementaba en el sentido que la propia razón podía estar iluminada por la fe. Por tanto Vitoria concebía que el ser humano posee unos principios morales naturales distinguibles por la propia razón humana, anteriores a cualquier plasmación en leyes concretas (derecho positivo) para su válida aplicación. Los derechos humanos son inherentes al ser humano por naturaleza, no por concesión, pacto o acuerdo de los propios humanos o Estados. Por lo que la dignidad no se inventa ni se concede, sino que se reconoce en todo ser humano por el hecho de serlo. El valor de las personas no se jerarquiza.

Principalmente bebió de la línea de pensamiento de Santo Tomás de Aquino y de Aristóteles, realizando un innovado sentido a las propias doctrinas existentes teológicas en aquel momento volviendo en gran medida a las sagradas escrituras, y generando un nuevo concepto del hombre, que así se proyectaría también en la misma visión que tenía de la justicia y del Derecho, y por tanto de su desarrollo e incidencia en las cuestiones de la vida real que en aquel momento se estaban produciendo, sobre todo a raíz de la conquista de América. Estamos ante un humanismo cristiano.

Viendo la actualidad del mundo, tenemos que ser conscientes que todavía queda camino por recorrer y trabajar, pues en cierta forma nos medimos por el cuidado que nos damos los seres humanos entre nosotros. Recordemos que los derechos aun teniéndolos sobre el papel, siempre hay que estar luchando por ellos, estando muy atentos para poder hacer frente a los malvados.

V CENTENARIO ESCUELA DE SALAMANCA (1526-2026) Francisco de Vitoria (II)

Continuando con el contenido de los artículos publicados los meses pasados, sobre la celebración este 2026 de los quinientos años del origen de la llamada Escuela de Salamanca y su principal artífice, el fraile dominico Francisco de Vitoria, hay que decir que esta corriente de pensamiento surgida en aquel siglo XVI muy relacionada con los acontecimientos que en aquel momento se estaban dando, con los conflictos europeos y de guerras contra el islam y de los movimientos geopolíticos en general, y principalmente con lo que suponía la conquista de America, generó respuestas y dio como fruto un cambio total en la propia concepción y papel del ser humano y en la visión global del mundo.

Aquellos teólogos, filósofos y juristas, principalmente, generaron toda una corriente de pensamiento y llamamiento al poder político, basada en principios morales universales, con el fin de que las decisiones y acciones de la persona fueran orientadas hacia su dignidad. Fue un movimiento multidisciplinar local, pero de influencia universal. Contribuyó al intento de progreso civilizado. Se defendieron los derechos de las personas más débiles, constituyendo un impulso para la concepción de la paz, basándose en conceptos como la comunidad internacional y derecho de gentes, derechos humanos, o la guerra justa. Estamos ante lo que algunos estudiosos llaman la escuela española del Derecho Internacional o Escuela española de la Paz. Estaría bien que en un momento como el actual, la ONU recogiese este testigo y tuviese el coraje de alzar la voz y actuar de verdad en defensa del ser humano y de la legalidad internacional.

Francisco de Vitoria concebía al ser humano como un ser claramente sociable, libre y racional, de naturaleza perfectible, encontrando en esa comunidad compartida social los medios para ese perfeccionamiento, requiriendo para ello una estructura, y un orden que es lo que proporciona el Derecho. Las sociedades tienen que ir orientadas al BIEN COMÚN, y al mismo tiempo esa vida social tiene que ayudar también al individuo a ese perfeccionamiento personal de desarrollo, que a todos ayuda a civilizarse.

Claramente aquellos pensadores trataron las cuestiones morales del ser humano y su aplicación práctica, así como sus derivaciones en la esfera del Derecho; y también de la economía, pues sensibles a los problemas y nuevas situaciones que se estaban generando en la época, con el nacimiento de nuevos mercados y desarrollo del comercio, fueron pioneros y generaron puntos de pensamiento sobre la compraventa, el valor económico y dinero, los cambios, el precio natural y precio justo, la fijación del precio legal por los gobernantes, la usura, la economía moral y mercantilista.

V CENTENARIO ESCUELA DE SALAMANCA (1526-2026) Francisco de Vitoria (I)

¿Quién fue Francisco de Vitoria?. Nació en la ciudad de Burgos en 1483, siendo su padre originario de Vitoria y su madre burgalesa. La primera formación superior la recibió en el convento de los Dominicos de San Pablo de Burgos durante tres años, antes de ir a estudiar a París en el año 1508, al convento de Santiago y relacionado con el Estudio General esa ciudad. Pasó allí unos 15 años los cuales fueron clave en su formación académica en general y para la elaboración de su pensamiento posterior. En París, Vitoria estuvo en contacto con grandes teólogos y humanistas de aquel tiempo, y con otras corrientes de pensamiento que confluían allí como gran centro de la cultura europea que era. Estuvo en relación incluso con otros pensadores españoles como Luis Vives o Juan Celaya. Seguramente también aquel foco y realidad de doctrinas reformadoras (Erasmo, Lutero, etc) que se desarrollaban en aquel momento, influyó claramente en Vitoria.

Terminada aquella larga estancia en París, pasa al Colegio de San Gregorio de Valladolid, donde ejerció la docencia durante tres cursos académicos, de 1523 a 1526. Era Estudio General de la orden dominica cuya finalidad era la formación de profesores para los colegios dominicos de España. Aquí ya, por ese pensamiento suyo muy vinculado a Santo Tomás de Aquino, que traía de París, imparte sus clases en base al texto de la llamada Suma Teológica; y se le nombra maestro en teología en 1525, el más alto grado que concedía la orden.

En 1526 Vitoria pasa a ocupar la cátedra de Prima de Teología de la Universidad de Salamanca, pasando su residencia definitivamente al Convento de San Esteban de esta ciudad, hasta su fallecimiento en agosto del año 1546.

Está claro que esos veinte años dieron para mucho y forjaron toda una corriente de pensamiento que trascendió a la época, legando todo un impulso hacia la dignidad y mejora del ser humano y sus relaciones civilizadas de convivencia, en el que el eje central fue la consideración absoluta del ser humano; de ahí que se considere el origen de lo que serán los derechos humanos y el derecho internacional.

Celebremos por tanto este año 2026, cada uno de nosotros, la conmemoración de los quinientos años de la llegada de Francisco de Vitoria a la ciudad e inicio de su magisterio en la universidad, para recordar su pensamiento y hacernos conscientes que incluso cinco siglos después nos puede guiar en la actualidad.

Roberto Bernal. Humanista. Abogado.

V CENTENARIO ESCUELA DE SALAMANCA (1526-2026)

Francisco de Vitoria

Si tenemos en cuenta cómo está el mundo, expresión cada vez más utilizada habitualmente para expresar el malestar general existente y todavía más actualmente con las tensiones y conflictos internacionales que se están produciendo, parece que celebrar este año el V centenario del nacimiento de la llamada Escuela de Salamanca, en relación a su máximo protagonista y generador, Francisco de Vitoria, casualmente tiene más sentido y oportunidad de realidad, y de traer el pasado a la actualidad.

En un mundo donde todo parece estar volcado hacia una carrera de inversión tecnológica, como salvación del ser humano y sin desdeñar que la tecnología es necesaria para avanzar como especie, y que nos puede hacer la vida más cómoda y aportar otras cosas sobre todo de ámbito material, pero, ¿nos hace más felices?, ¿nos hace estar mejor con nosotros mismos y equilibrados?, ¿nos hace que tengamos menos conflictos o nos relacionemos mejor y civilizadamente entre las personas?. Habría que pararse a pensar y reflexionar estas cuestiones, pues realmente en lo que necesitamos invertir, es en el propio ser humano, en cómo hacernos más humanos, en nuestra esfera interior y moral que sí tenemos, para poder tener una sociedad y un mundo más pacífico y feliz, en el que las relaciones humanas se basen en valores y principios morales, y dignidad humana, no dejando como parámetro principal el económico y material. Esos valores y principios ya los conocemos y los tenemos establecidos, pero tenemos que incidir también en que la herramienta del Derecho pueda ejecutar eficazmente los derechos humanos universales.

Francisco de Vitoria y otros personajes de aquel siglo XVI, así lo percibieron. En aquel principio de la globalización, en el que dos mundos se encontraron con el descubrimiento de America, cambió para siempre la visión de los habitantes de este planeta, y en ese momento es cuando desde Salamanca, ante la realidad, muchas veces cruel, que se estaba viviendo en la conquista del nuevo continente, el fraile dominico Francisco de Vitoria del Convento de San Esteban, acompañado de otros frailes y profesores de la universidad, se posicionaron e iniciaron una corriente de pensamiento innovadora, que fue religiosa, jurídica, filosófica y económica, en la que el centro y eje fue el propio ser humano y su dignidad. Fue un revulsivo del humanismo. Una llamada y reivindicación clara hacia la concreta defensa de los indígenas americanos y también general de todo ser humano. Se visualizó la concepción y papel del ser humano más allá de las naciones o países de cada uno, para universalizarlo a todos los niveles, también jurídicos y económicos. Se considera por tanto aquel momento el inicio de los derechos humanos y del Derecho Internacional.

Todo este movimiento, en su época, ya suscitó recelos y oposición por parte del poder, pero con el tiempo y ahora así lo celebramos, generaría transformaciones positivas y sobre todo una esperanza en la que la familia humana del mundo, aspirara a que las relaciones entre ellos no fueran de fuerza bruta, sino civilizada basada en la palabra y el Derecho.

Por tanto este Patrimonio inmaterial, intelectual y cultural que tenemos, es una oportunidad para pararnos a repensar nuestra condición humana. No tenemos que olvidar la premisa de que somos animales sociales y por tanto seres interdependientes, nos necesitamos unos a otros más de lo que creemos; y cuya perfectibilidad (encaminarnos hacia el bien individual y común, felicidad y paz) tal como proclamaban aquellos maestros humanistas, se tiene que hacer en sociedad; solos no llegamos a ninguna parte. Para dar forma y poder transitar en este escenario es necesario el Derecho, la mejor herramienta que ha inventado el ser humano para poder gestionarnos y relacionarnos de manera civilizada, pues de otra manera ya sabemos por la experiencia y antecedentes de nuestra propia historia, dónde nos lleva. Primemos la inteligencia a la fuerza, el resultado claramente es mejor.

Por ello, en este año 2026 fundamentalmente hay que agradecer a la Orden de los Dominicos y al Convento de San Esteban de Salamanca, este fruto e hito histórico emanado de sus muros, pero que salió y trascendió internacionalmente, para dar a la humanidad un soplo de esperanza y posibilidad real de convivencia. Esperemos que esta conmemoración sirva para recoger el testigo y nos pongamos manos a la obra, continuando y reforzando la senda humanista.

En este sentido y a parte del atractivo artístico y patrimonial que tiene el convento de San Esteban y la propia ciudad de Salamanca, como ciudad renacentista por excelencia, este año 2026 es un idóneo momento para su visita.

Roberto Bernal.
Humanista y Abogado.

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