
Continuando con el contenido de los artículos anteriores y siguiendo con la celebración este 2026 de los quinientos años del origen de la llamada Escuela de Salamanca y su principal artífice, el fraile dominico Francisco de Vitoria, en esta ocasión hay que indicar que su tesis o base tiene sus raíces en el llamado Derecho natural (conjunto de principios éticos universales, inmutables e innatos en el ser humano) en el que el ser humano está inclinado naturalmente hacia el bien y que por el hecho de su racionalidad puede discernir el bien y el mal. Aunque partía que todo era obra de Dios, como teólogo que era, no negaba la capacidad de raciocinio en el ser humano y que se complementaba en el sentido que la propia razón podía estar iluminada por la fe. Por tanto Vitoria concebía que el ser humano posee unos principios morales naturales distinguibles por la propia razón humana, anteriores a cualquier plasmación en leyes concretas (derecho positivo) para su válida aplicación. Los derechos humanos son inherentes al ser humano por naturaleza, no por concesión, pacto o acuerdo de los propios humanos o Estados. Por lo que la dignidad no se inventa ni se concede, sino que se reconoce en todo ser humano por el hecho de serlo. El valor de las personas no se jerarquiza.
Principalmente bebió de la línea de pensamiento de Santo Tomás de Aquino y de Aristóteles, realizando un innovado sentido a las propias doctrinas existentes teológicas en aquel momento volviendo en gran medida a las sagradas escrituras, y generando un nuevo concepto del hombre, que así se proyectaría también en la misma visión que tenía de la justicia y del Derecho, y por tanto de su desarrollo e incidencia en las cuestiones de la vida real que en aquel momento se estaban produciendo, sobre todo a raíz de la conquista de América. Estamos ante un humanismo cristiano.
Viendo la actualidad del mundo, tenemos que ser conscientes que todavía queda camino por recorrer y trabajar, pues en cierta forma nos medimos por el cuidado que nos damos los seres humanos entre nosotros. Recordemos que los derechos aun teniéndolos sobre el papel, siempre hay que estar luchando por ellos, estando muy atentos para poder hacer frente a los malvados.
